El verdadero rostro del alcohólico no es el que muestran las publicidades torpemente (...) sino una realidad más autentica: la del sufrimiento humano.
Dadme un poeta: haré de él dos músicos de los cuales uno será cancionista y el otro el pianista que le acompañe. Al cabo de un instante, el cancionista habrá montado un cabaret llamado Montmartrense. Unos años después, el pianista habrá muerto alcohólico y el cancionista será príncipe, duque o algo mejor aún.