Son necesarios cuarenta músculos para arrugar una frente, pero sólo quince para sonreír.
El espíritu que se ha dejado envolver en una intriga, nunca se siente tan vivamente tocado, como al conocer de pronto la verdad de un secreto que lo cambia todo, y a todo confiere una faz imprevista.
En líneas generales, la idea provino de las carretas elevadas que los empaquetadores de Chicago utilizan para envolver carne