De ello se sigue que de las afirmaciones absurdas y falsas - caso de que fueran universales- no puede haber entendimiento, aunque muchos piensen que las entienden, cuando en realidad se limitan a repetir palabras en voz baja o a aprendérselas de memoria.
En la educación de los niños es más conveniente decir no en voz baja que decir si gritando.