Lo malo no es no tener dónde caerse muerto, lo realmente malo es no tener dónde caerse vivo.
Éste había optado por un método de monta que implicaba caerse de la silla cada pocos segundos.
¡Brindo por la mujer! ¡Quién pudiera caer en sus brazos sin caer en sus manos!
Los últimos años de la vida se asemejan al final de un baile de máscaras en que se dejan caer las caretas.