Sólo quien no excluya nada de su existencia, ni lo que sea enigmático y misterioso, logrará sentir hondamente sus relaciones con otro ser como algo vivo, y sólo él estará en condiciones de apurar por sí mismo su propia vida.
Y pensar que pudimos enlazar nuestras manos y apurar en un beso la comunión de fértiles veranos...
Es deleite del infierno hacer mal al hombre y apresurar su ruina eterna.