El hombre se ama a sí mismo en las cosas que ama. Cuando amamos una mujer, amamos un sueño. Vamos tejiendo alrededor de ella nuestros ideales; todos los instintos, como arañas van tejiendo su tela, hasta que al fin desaparece la mujer y sólo queda una ilusión engañadora
Yo te amo, sí, te adoro, aunque mi labio mil y mil veces te llamó perjura, aunque la copa horrenda del agravio me brindó los placeres tu hermosura, te ama mi corazón.