El verdadero rico es aquél que no ama las riquezas dijo Dokusen como si él fuera el único depositario de toda iluminación. A menos que se reflexione sobre estas cuestiones, uno deberá enfrentarse a grandes sufrimientos.
A veces el poema es el objeto o don y con más evidencia pone de manifiesto ese propósito: dar luz a una palabra sin quitarle su magia o ser depositario de una visión o de un sentir, que toma cuerpo en sílabas contadas.