La actitud inherente al consumismo es devorar todo el mundo. El consumidor es eterno niño de pecho que llora reclamando su biberón. Esto es obvio en los fenómenos patológicos, como el alcoholismo y la adicción a las drogas
Buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas, y el consumismo es la forma actual del bien máximo. Pero la figura del consumidor satisfecho es ilusoria: el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por tanto, no feliz. Podemos buscar la felicidad en el triunfo, en la fama, en los honores. Pero ¿no es todo eso sino pura vanidad, en definitiva nada o casi nada?
Los vendedores de software quieren dividir a los usuario y conquistarlos, haciendo que cada usuario decida no compartir su software con los demás. Me rehúso a romper la solidaridad con otros usuario de esta manera.
La satisfacción del usuario no es un criterio de calidad para un producto de la computación.