¡Oh alma mía, sal fuera, Dios entra! Hunde todo mi ser en la nada de Dios ¡Húndete en el caudal sin fondo! Si salgo de ti, tú vienes a mí, si yo me pierdo, a ti te encuentro. ¡Oh bien más allá del ser!
Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres