No pertenecemos a ningún partido, porque ningún partido puede encarnar nuestra meta final
Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época.
Y esto no es todo, amiga mía: nuestra alma, nuestro espíritu y nuestro cuerpo tienen exigencias generalmente contradictorias; creo difícil unir satisfacciones tan diversas sin envilecer a unas y sin desanimar otras, así que he disociado el amor.