Siempre hay que tratar a los empleados exactamente como queremos que ellos traten a nuestros mejores clientes. Se puede comprar el trabajo de una persona, pero no se puede comprar su corazón. En el corazón están su lealtad y su entusiasmo. Tampoco se puede comprar su cerebro. Allí están su creatividad, su ingenio, sus recursos intelectuales.
Hay que dejarse guiar por el corazón, no solo por la cabeza... Mi padre me enseñó a tratar a todos por igual y espero que William y Harry sigan mi ejemplo... que traten de entender las inseguridades, emociones, angustias, sueños y esperanzas de los más necesitados