El cristianismo nos arrebató la cosecha de la cultura antigua, más tarde volvió a arrebatarnos la cosecha de la cultura islámica.
El que se deja llevar por el ímpetu del arrebato será siempre un juguete de sus pasiones y un esclavo del primero que sepa observarle.
Sin rastros de ese gusto literario que atiende menos al asunto que a los medios, sus predilecciones se orientaban hacia aquellos libros hacia los que cualquier mente sana y superior, ocupada en algún cargo activo y de autoridad en el mundo, tiende naturalmente a inclinarse: libros que trataban de hombres y hechos reales, cualquiera fuese la época.
Para hacer política justa y sana no basta conocer los hombres; es necesario también amarlos.
El progreso humano tiene su precio, cada ganancia produce automáticamente una pérdida o sacrificio. A cada uno de nosotros nos afecta algo negativo todos los días. Uno de los grandes desafíos en la vida es tener la sabiduría para reconocer esas fuentes de negatividad, y el coraje para arrojarlas fuera de nosotros.
Por eso el hombre apenas soporta el lenguaje doblemente despierto de la poesía, que siempre pone en crisis y desconcierta con su coraje insólito, aunque empiece muchas veces en lo más cercano, como todo empieza en lo más cercano, desde el amor hasta el infinito.