Mi único consuelo es pensar que estamos en manos de Dios. Con esta fe sería más fácil morir que vivir, y olvidar así toda la peocupación.
¡En qué patéticos esclavos nos convertimos por el poder dominante de la gravedad sobre todas las cosas de la tierra! (...) Nuestro único consuelo es que no podemos solucionarlo. No es fallo nuestro: nos guste o no, tenemos que obedecer a la gravedad, nuestra tirana.