La escritura no es en modo alguno un instrumento de comunicación, no es la vía abierta por donde sólo pasaría una intención del lenguaje. Es todo un desorden que se desliza a través de la palabra y le da ese ansioso movimiento que lo mantiene en un estado de eterno aplazamiento.
Se impone, particularmente, el estudio del Estado actual y, sobre todo, de las posibilidades de transformarlo por una vía democrática, e, igualmente, la profundización crítica de las ideas del marxismo.
El proceso autonómico tampoco puede ser una vía para la destrucción del sentimiento de pertenencia de todos los españoles a una Patria común. La autonomía no puede, por tanto, convertirse en un vehículo de exacerbación nacionalista, ni mucho menos debe utilizarse como palanca para crear nuevos nacionalismos particularistas.
Se impone, particularmente, el estudio del Estado actual y, sobre todo, de las posibilidades de transformarlo por una vía democrática, e, igualmente, la profundización crítica de las ideas del marxismo.