Ni siquiera supe el nombre de ningún acorde hasta que Malcolm me dijo alguno; y luego, a partir de ahí me los fui aprendiendo todos. Él me dio las únicas clases que he recibido e incluso me animó a hacer solos
Los pobres, los pobres, pensé, e inmediatamente me acordé de Francisco de Asís
El oído afinado dirige la vela sensitiva...El sonido sordo y cauteloso del fruto...En el corazón del siglo soy un ser confuso...