Es preferible morir con honor que vivir con la vergüenza de un tirano dictando nuestros rumbos.
El que se ruboriza ya es culpable; la verdadera inocencia no siente vergüenza por nada.
El orgullo contrapesa todas las miserias. O bien las oculta o, si las descubre, se glorifica a sí mismo por haberlas conocido.
Qué orgullo descubrir que nada te pertenece: qué revelación.
Merecer la vida no es callar y consentir tantas injusticias repetidas... Es una virtud, es dignidad y es la actitud de identidad más definida.
Matar a inocentes en nombre de Dios es una ofensa contra Él y contra la dignidad humana.
El teatro pedante eleva la autoestima de los políticos y de las clases medias
La autoestima no es tan vil pecado como la desestimación de uno mismo