La mayoría de conjuntos de valores darían lugar a universos que, a pesar de poder ser muy bellos, no contendrían a nadie capaz de asombrarse de esa belleza
Vivir es asombrarse de estar en el mundo, sentirse extraño, llenarse de angustia ante la contingencia de dejar de ser, comprender la constante probabilidad de extraviarse, la necesidad de hacer amigos entre nuestros con seres, la contingencia de que sean enemigos, y estar alerta a lo genuino y a lo espurreo, a la verdad y al error.
El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados.
La reacción de la raza humana no es sólo la de maravillarse ante la apariencia individual de cada uno de sus individuos, sino también la de admirar la increíble capacidad del Creador que, utilizando unos pocos materiales simples y uniformes, ha logrado producir una enorme cantidad de variantes, todas diferentes.
Ante tales pintoresquismos, no hay que extrañarse de que los hispanistas naveguen desorientados. España no es que sea diferente; es que es inverosímil.
El pesimista sabe rebelarse contra el mal. Sólo el optimista sabe extrañarse del mal.
Ser anarquista sólo significa que usted cree que la agresión no se justifica, y que los Estados emplean necesariamente la agresión. Y, por tanto, los Estados, y la agresión que necesariamente utilizan, no están justificados. Es muy sencillo, de verdad. Es una ética, por lo que no es de extrañar que confunda a los utilitarios.
La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener.