Es algo que sucede cuando muere la gente: la discusión desaparece con ellos, y personas tan llenas de defectos mientras respiraban que a veces eran casi insoportables ahora se muestran de la manera más encantadora, y lo que menos te gustaba anteayer se convierte, en la limusina detrás del coche fúnebre, en una causa no sólo de regocijo solidario sino incluso de admiración.
Si sos escritor te colocas detrás de una pared de silencio y sin importar lo que estés haciendo, manejando o caminando o haciendo tareas domésticas... Aún así podés estar escribiendo, porque tenés ese espacio.