La idea de que el mundo tiende a ir peor, que sucumbe sin propósito alguno en la corrupción, es la gran idea encarnada en la Segunda Ley de la Termodinámica.
Una vida sin propósito es una muerte prematura.
Hemos dicho que todos los argumentos acerca de la existencia se fundan en la relación causa-efecto, que nuestro conocimiento de esa relación se deriva totalmente de la experiencia y que todas nuestras conclusiones experimentales se dan a partir del supuesto de que el futuro será como ha sido el pasado.
La religión es una ilusión que deriva su fuerza del hecho de que satisface nuestros deseos instintivos.