Kilos de escayola para recomponer mi espíritu
Durante las horas de perdición tuve el valor de no componer ni organizar. Y sobre todo, el de no prever.
Cuando tenía cerca de 9 años comencé a componer canciones. Pensé que sólo las escribiría y que alguien más las podría cantar, quizás, porque no pensaba que podía hacerlo yo misma. (Revista Woman Who Rock / 2001).
Yo, amor, he aprendido a coser con tu nombre, voy juntando mis días, mis minutos, mis horas con tu hilo de letras.
Si es una chica de tipazo despampanante, pero tiene un carácter inaguantable, insufrible, arreglado estás. Si fuma con mucho estilo y baila como un trompo, pero no sabe coser un botón ni hacer una tortilla, arreglado estás. El día que te cases, ¿qué vas a hacer?
Regreso a la filosofía no en el sentido absurdo de que ahora nos vamos a convertir todos en filósofos, pero apuntar la idea de que si el hombre es un ser pensante, pues entonces que piense.
No temas fallar. No es fallar, sino apuntar muy bajo el error. Con grandes aspiraciones, es glorioso incluso fallar.
La manera más eficaz de vivir es hacer todas las mañanas un plan para el día y cada noche repasar los resultados obtenidos.