Es desolador que algunas cosas no cambien nunca en esencia, aunque también es reconfortante que algo persista, que no se mueva ni un milímetro ni un vocablo.
La Biblia para mí una profunda y reconfortante sensación de que las cosas son que se pueden ver son temporales y las cosas invisibles son eternas.
El literato de puerta cerrada no sabe nada de la vida. La política, el amor, el problema económico, el desastre cordial de la esperanza, la refriega directa del hombre con los hombres, el drama menudo e inmediato de las fuerzas y las direcciones contrarias de la realidad, nada de esto sacude personalmente al escritor de puertas cerradas.
Ten una voz, mujer, que sea cordial como mi verso y clara como una estrella.