No basta pues, con cambiar al individuo, puesto que esta tarea es imposible si no cambian las reglas que ordenan la convivencia entre los hombres.
El socialismo rechaza los sistemas socio-políticos en los que unos individuos se apropian de grandes cantidades de bienes mientras que otros se encuentran en la pobreza, así como aquéllos en los que unos pocos ordenan autoritariamente la convivencia mandando sobre los demás.