Vivir es asombrarse de estar en el mundo, sentirse extraño, llenarse de angustia ante la contingencia de dejar de ser, comprender la constante probabilidad de extraviarse, la necesidad de hacer amigos entre nuestros con seres, la contingencia de que sean enemigos, y estar alerta a lo genuino y a lo espurreo, a la verdad y al error.
Dondequiera que haya un ser humano existe una probabilidad para la bondad.
Una pizca de probabilidad tiene tanto valor como una libra de quizá.
Toda hora perdida en la juventud es una probabilidad de desgracia en el porvenir.