Dadme un estío más, oh poderosas, y un otoño, que avive mis canciones, y así, mi corazón, del dulce juego saciado, morirá gustosamente.
Cada vez que hago bien, oh corazón, me invade una dulzura fresca, cuya virtud comprendo; veo dulces sonrisas en bocas que no existen, y manos invisibles que me están aplaudiendo
Cámara dura... huy cámara dura, ¡ya no sé lo que digo! Rueda dura
Cámara dura... huy cámara dura, ¡ya no sé lo que digo! Rueda dura