No lograr un tanto de más a costa de lo que fuere, no dejarme llevar únicamente del ansia de vencer, sino jugar partidas artísticas, ricas de fondo, ese era el fin que yo me proponía en los torneos.
Creo que, en la vida práctica, el éxito, el auténtico éxito, tiene algo un tanto indecoroso; hay algo en la ambición que es siempre indecoroso.
No es solamente el ejercicio de un derecho, no es solamente el cumplimiento de un deber cívico; es algo más, es la imperiosa exigencia de nuestra dignidad ultrajada, de nuestra personalidad abatida; es algo más todavía, señores: es el grito de ultratumba, es; la voz alzada de nuestros beneméritos mayores que nos piden cuenta del sagrado testamento cuyo cumplimiento nos encomendaron!.
Todo, hasta el mismo silencio tiene algo que callar.
Mí sensación de progreso se basa en la ilusión de que las cosas a mí alrededor no van a cambiar y que finalmente he logrado un poco de control sobre ellas.
Nuestra historia es tan compleja y dispareja, aboluta, renegada e inocente, que si tuvo algún pasado no hay presente, y el futuro se me hace inconsistente. Está llena de reclamos olvidados, fueron muchos los errores oxidados... ésta es una rara historia que va y que regresa, que sueña y promete ser un poco diferente. Nuestra Historia.