Lo insaciable no es la panza, como el vulgo afirma, sino la falsa creencia de que la panza necesita hartura infinita
El siglo se muere y no cambia más, está agonizando en cualquier hospital, nosotros tenemos la culpa y hay que solucionarlo. Llamemos al débil y al orador, al mozo, al poeta, al músico, al peón. Llamemos a todos los hombres, que el banquete está listo.
Nuestras palabras no son más que migas que caen del banquete de la mente