No estoy borracho dijo él, riendo pero me he emborrachado tan a menudo que, por lo visto, me han quedado manos temblorosas para toda la vida.
Yo nunca quise estar entre los grandes, nunca quise envidia, nunca quise fama, solo los borracho y los niños dicen la verdad, y yo soy el borracho medio niño que te jode con su clap
Toda la noche nos la pasamos llorando y bebiendo, y pude decirte borracho las cosas que me bullían del corazón, palabras impresionantes, símiles ingeniosos, porque llorabas por otro tipo y no oías nada de lo que te decía, pero yo me oía a mí mismo, y Arturo Bandini estuvo genial aquella noche, porque hablaba con su amor de verdad, que no eras tú ni Vera Rivken tampoco, sino sólo su verdadero amor.
Fray Lorenzo: Allí en el suelo, borracho de sus propias lágrimas