Te he visto pasando del brazo de un hombre, que de cierto modo podría ser yo, te he visto sonriendo mostrando tus ojos, mientras te despeina y te envuelve en amor, al tiempo en que sólo pronunciar tu nombre con cierta ternura me ahoga en dolor.
La sociedad honra con el nombre de caracteres a quienes han buscado y encontrado su sitio, a quienes han jugado un papel, a quienes han llegado a descubrir ciertas reglas de conducta que terminan por asimilarlas automáticamente a sus acciones.