Hay una música, Cristina, tan terrible que consume a todos los que la conocen. Usted no ha oído todavía esa música, felizmente, porque le quitaría sus frescos colores y nadie la reconocería al volver a la vida de París. Cantemos ópera, Cristina Daaé.
Es la fea graciosa mil ves más terrible que la hermosa
Las espadas y lanzas por sí mismas son inofensivas; el que por sí mismo es apacible y sin maldad alguna, se volverá feroz y terrible a causa de las malas compañías.
Los Compositores no se atreven. Tienen miedo de ese ídolo sagrado llamado sentido común, que es la cosa más terrible que conozco - después de todo, no es más que una religión fundada para justificar la ubicuidad de los imbéciles.