La facultad del oído es una cosa sensible: muy pronto se sacia y al poco tiempo se cansa y aburre.
Cada cosa que uno alcanza elimina un motivo para querer alcanzar algo más. ¿Quiero ser un gran escritor? ¿Quiero ganar el Premio Nobel? No si es demasiado trabajo. Qué diablos, les dan el Premio Nobel a demasiados mediocres para que me interese. Además, tendría que ir a Suecia y ponerme un frac y pronunciar un discurso. ¿El Premio Nobel vale todo eso? Diablos, no.
El desvanecimiento de los ideales es triste prueba de la derrota del esfuerzo humano.