Una guerra es un curso acelerado, intenso y bestial, sobre lo bueno y lo malo de la condición humana. Y creo que las generaciones que vivieron guerras o desastres son más despiertas y razonables que las otras. Han visto el lado oscuro y real de la vida, y saben temerlo, comprenderlo y asumirlo. Por eso nuestros abuelos y bisabuelos eran mejores personas que nosotros.
Todo es de noche hoy y el alma es un oscuro alimento que no puede comerse.
Por superficiales y accidentadas que sean la mayoría de las amistades, la vida es un asunto bastante sombrío sin ellas.
En realidad, la condición de la humanidad es una sola, la que nos une, a pesar de nuestras diferentes formas de pensar, en este lugar sombrío y húmedo. El Hermano, el comunista, el borracho, el ladrón...Todos somos iguales ante la muerte, ante el poder del destino inexorable.