Hoy gusto mucho más de los niños de lo que gustaba de ellos hace dos años atrás. Basta cambiar una mirada, un gesto, una sonrisa.
La idea es algo tan divino, que tiene derecho a recibir, incluso a exigir sacrificios voluntarios. Pero cuántas veces en el curso de la historia ha sido rebajada a la categoría de ídolo ante cuyo altar se sacrificaban niños inocentes.