No está de más preguntarnos, tanto individual como colectivamente, si en estas condiciones difíciles, podemos seguir siendo -como individuos y como sociedad- un poco lo que éramos y quisimos ser, o si no tendremos otra alternativa que la de convertirnos en algo que no fue lo que realmente quisimos ser y que no sabemos con certeza ahora, si es realmente lo que queremos ser
En cuanto se rechaza la alternativa (en cuanto se enturbia el paradigma), comienza la utopía: el sentido y el sexo se convierten en el objeto de un juego libre dentro del cual las formas (polisémicas) y las prácticas (sensuales), liberadas de la prisión binaria, van a ponerse en un escajo de expansión infinita. Así pueden nacer un texto gongorino y una sexualidad dichosa.
¿Es que hay en verdad un esto y un aquello? ¿Es que no hay en verdad un esto y un aquello? El punto en donde esto y aquello neutralizan su oposición es el núcleo del Tao: el centro de un círculo que irradia infinitas respuestas. Infinito es el sí. Infinito es el no. Escrito está: nada es comparable a la Iluminación.
La gloria es como un círculo de agua que nunca termina de ensancharse, hasta que a fuerza de dilatarse se pierde en la nada.