La experiencia es como un billete de lotería comprado después del sorteo. No creo en ella.
Un anciano cumplió noventa y ocho años. Ganó la lotería y murió al día siguiente. Fue mosca negra en tu vaso de Chardonnay. Es el indulto a una pena de muerte que llegó dos minutos muy tarde. ¿No es irónico, no lo crees? (Ironic - 1995).
La frontera es, a veces, una manera de ir con billete de vuelta a un país en el que por razones políticas no se tiene ningún deseo de vivir.
Así como el billete de ferrocarril se valora de acuerdo con la longitud del viaje a que da derecho, así el dinero se valora según la cantidad de poder adquisitivo inmediato que proporcione.
Un anciano cumplió noventa y ocho años. Ganó la lotería y murió al día siguiente. Fue mosca negra en tu vaso de Chardonnay. Es el indulto a una pena de muerte que llegó dos minutos muy tarde. ¿No es irónico, no lo crees? (Ironic - 1995).
La experiencia tiene la misma utilidad que un billete de lotería después del sorteo.
Sigo preguntándome si hay vida después de la muerte. Y si la hay, ¿le cambiaran a uno un billete de veinte pavos?
Una fan me mandó una vez una carta y un billete de $10 dólares. La carta decía: Ya que tienes difícil salir a la calle sin que todo el mundo sepa a dónde vas, aquí tienes 10 dólares para que pidas una pizza.
Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infancia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico
Mi amigo el doctor Heath decía -y la experiencia lo probaba- que la enfermedad seguía siendo tan contagiosa como antes y que el número de casos era el mismo; lo único que afirmaba es que causaba menos muertos.