Un día, suavemente, con sus corteses modos, hizo el hombre la jaula para encerrarte allí, y ahora te contempla, apoyado de codos, sobre el hierro prudente que lo aparta de ti
Como se arranca el hierro de una herida su amor de las entrañas me arranqué, ¡aunque sentí al hacerlo que la vida me arrancaba con él!