Nuestras fuerzas sobrepujan casi siempre a nuestra voluntad; el presentarnos a la imaginación propia como imposibles ciertas cosas, es solamente una excusa que nos ponemos a nosotros mismos
La comprensión no excusa ni acusa: ella nos pide evitar la condena perentoria, irremediable, como si uno mismo no hubiera conocido nunca la flaqueza ni hubiera cometido errores. Si sabemos comprender antes de condenar estaremos en la vía de la humanización de las relaciones humanas.