El miedo a qué piensan los demás es la mayor prisión en la que vive la gente. Lo que me pasó a mí con toda la naturalización que viví fue que dejé a un lado ese miedo a qué puede pensar la gente de mí y cuando lo haces te das cuenta de que hasta ese momento has estado viviendo en una cárcel y lo que me aportó fue una comprensión de lo fácil que es para unos pocos controlar a la gran mayoría.
La televisión puede enseñarnos, inspirarnos, incluso hacernos soñar... pero solo lo hará mientras nosotros estemos dispuestos a usarla de la manera adecuada, de lo contrario, se convertirá en el arma más destructiva de la humanidad. Capaz de manipular y de mentir, de controlar y de jugar con nuestras mentes.
Pero el hombre no es independiente, porque el movimiento comience en él, sino porque puede inhibir el movimiento. Rompe, pues, su propia espontaneidad y naturalidad.