En la mayor parte del trabajo intelectual, exceptuando sus momentos más distintivamente estéticos, tenernos que retroceder; tenernos que reconstruir conscientemente los pasos previos y recordar con distancia los hechos y las ideas particulares.
Alguna vez se dijo, glosando a Yrigoyen, que había que empezar de nuevo. Empezar de nuevo a mi juicio es detenerse un poco en la marcha, para reconstruir las filas y hacer balance de circunstancias.