Como el mueble y la tela, tu desnudo ya no tenía imponencia bajo el aire, bajo el alma, bajo nuestras almas. Nosotros ya no entendíamos de aquello. Era el suelo de un ámbito celeste, imponderable. Éramos transparencias altísimas, calientes.
Lo que sí tiene trascendencia, y es esencial y específicamente humano, es el ámbito de lo afectivo. Pero el sexo no. Lo malo es que, en algún momento aciago de la humanidad, se cometió el trágico error de adjudicar a lo sexual un significado moral.
Ello explica asimismo, por qué han sido abiertos los fuegos en contra de este núcleo joven e incontenible, desde todos los frentes; porque en la política boliviana, es el que mayor perímetro de combate ha presentado contra las derechas injustas y contra las izquierdas disociadoras.