Buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas; el consumismo es la forma actual del summum bonum. Pero el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por tanto, no feliz. La felicidad consiste en el desprendimiento
Existen ciertos bienes cuyo valor está determinado tan sólo por su escasez. Ningún trabajo puede aumentar la cantidad de dichos bienes y, por tanto, su valor no puede ser reducido por una mayor oferta de los mismos.
El que una masa de hombres sea llevada a pensar coherentemente y de un modo unitario el presente real es un hecho filosófico mucho más importante y original que el redescubrimiento, por parte de algún genio filosófico, de una nueva verdad que se mantenga dentro del patrimonio de pequeños grupos intelectuales.
Todo mi patrimonio son mis amigos