A cada rato uno naufraga en lagunas educacionales. Cuando hay que detener un taxi uno piensa por qué diablos no enseñan a silbar desde el primer grado. O a desgrasar ollas, salir de un ascensor atascado, cambiar un caucho o llenar un formulario.
Cada uno de nosotros tiene el poder de cambiar el mundo.
Me llamo Artur desde el año 2000, ya que soy libre para cambiar mi nombre.
No creo haberme comportado nunca como un hombre, porque son de miras estrechas. Aunque, francamente, también muchas mujeres son de miras estrechas. Las mujeres son tan responsables como los hombres de su opresión, porque tienen miedo a cambiar