Sólo había una cosa que el perfume no podía hacer. No le podría convertirse en una persona que podía amar y ser amado como todos los demás. Así, al infierno con él, pensó. Al diablo con el mundo. Con el perfume. Con el mismo.
Los invito a no odiar, porque el odio no deja el espacio para que una persona sea justa, le ciega y cierra todas las puertas del pensamiento.