La mejor manera de echar a perder tu vida es tomar notas. La forma más fácil de evitar vivir es limitarte a mirar. Buscar detalles. Informar. No participar. Dejar que el gran hermano cante y baile para ti. Ser un reportero. Ser un buen testigo. Un miembro agradecido del público.
El mismo año que terminé el mural de la Escuela Nacional Preparatoria di uno de los pasos más importantes de mi vida, me hice miembro del Partido Comunista.
Habían empezado a hacer planes juntos. Estaban sentados en un sofá de segunda mano que había sacado de la tienda benéfica de San Vicente de Paúl. Fumaban, bebían, sonreían y se ponían ciegos mientras buscaban la manera de darle un palo a Randy.
Que en lugar de apuntar hacia un enemigo difuso, es mejor esperar que se torne en amigo, es mejor contar hasta diez con el palo en la mano, es mejor dejar una salva para mañana.
Ahora me han derrotado, pensó. Soy demasiado viejo para matar tiburones a garrotazos. Pero lo intentaré mientras tenga los remos y la porra y la caña.
No he tenido maestro en el sentido ordinario. Mi padre me enseñó a manejar la porra en mi infancia. Desde entonces, he seleccionado una serie de tácticas de samuráis mayores en diversas provincias. También he pasado algún tiempo viajando por el campo, aprendiendo de las montañas y los ríos, a los que también considero como maestros.
Ay, las casualidades -dijo Quim respirando a pleno pulmón, como el titán de la calle Revillagigedo-, valen verga las casualidades. A la hora de la verdad todo esta escrito. A eso los pinches griegos lo llamaban destino.
La situación era incómoda y sin embargo a los pocos segundos noté con espanto que mi naturaleza, divorciada de mi intelecto, de mi alma, incluso de mis peores deseos, endurecía mi verga hasta un límite imposible de disimular.
El alma tiene ilusiones, como el pájaro alas; eso es lo que la sostiene.
La persona que simplemente observa el vuelo de un pájaro se queda con la impresión de que el pájaro no piensa nada para hacerlo. En realidad esa es una parte muy pequeña de su trabajo mental. El pájaro ha aprendido el arte del equilibrio; esta habilidad no es evidente a nuestros ojos. Sólo aprendemos a apreciarla cuando tratamos de imitarla.