Poesía y muerte se conciernen. Ese saber instalarse frente a lo raro del existir es propio del poeta. Porque por encima de la existencia está la muerte: lo que nos separa. Y el poeta ha aprendido de ella y le otorga su voz. Con filigranas teje su propio sudario y el sudario de los hombres, que no es otra cosa que la pasión por la vida, lo incomprensible.
El último ser humano vivo lanzó la última paletada de tierra sobre el último muerto. En ese instante, mismo supo que era inmortal; porque la muerte sólo existe en la mirada del otro