Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía que dio a cascar al diente de la sabiduría.
¡Porque así debe ser! Estrenémonos a morir a la sombra de las flores.
Tengo miedo de mirar mi dolor. No vaya a ser que me quede demasiado grande. Prefiero calzar mi deber como una valentía de espuelas e hincando mi pereza, que quisiera morir cobardemente, andar con frente firme ante la pampa yerma del dolor de los otros. Sólo así quiero merecer.