Los hombres de carácter suelen convertir en ley las flaquezas. Hay gente con conocimiento del mundo que ha dicho: La sagacidad tras la que se oculta el miedo resulta invencible. Los hombres débiles tienen a menudo ideas revolucionarias; piensan que estarían bien si nadie los gobernase, y no sienten que son incapaces de gobernarse a sí mismos y a los demás.
El instinto de la mujer equivale a la sagacidad de los grandes hombres.
En las mujeres, el instinto equivale a la perspicacia de los grandes hombres.
Saber que todos los cambios que se producen a nuestro alrededor son manifestaciones de esta degradación es de una perspicacia extraordinaria.
El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.
Sin embargo, el sueño se adaptaba a la vida. Y en el momento mismo de estar soñando, si hubiera podido hacer una elección racional, si el instinto hacia la vida no hubiera sido tan fuerte y arraigado, hubiera elegido la muerte.
Que otra cosa fue, en concepto de los hombre imparciales del país y en opinión del universo entero, sino un furioso brote comunista largamente planeado desde lejanas capitales marxistas y para cuya ejecución vinieron al país revolucionarios extranjeros de universal nombradía