El martirio es la única forma de suicidio autorizada por las religiones, y la guerra es una de las formas de homicidio autorizada por las democracias.
Mi futura suegra escupía veneno. Sus ímpetus llevaban un ritmo mental sumamente curioso, pues oscilaban entre el homicidio compuesto y el asesinato triple. Al mismo tiempo que me sonreía con las mandíbulas, me daba puñaladas con los ojos.