No se puede perder de vista el hecho de que somos un país dependiente, colonizado también en materia cultural. Tampoco se debe olvidar el grado absurdo de oscurantismo y de quedantismo que nos regía a nosotros, y que nos sigue rigiendo, en verdad.
Interferir en el sexo entre adultos es una política redentora que lleva al oscurantismo y al poder de las mafias.