El dominio invisible del pasado, que lo decide casi todo en su vida, no se pone en tela de juicio. Eso es verdadero poder. Un poder que puede conquistarse y usarse. Pues el pasado no sólo rige el presente, sino también el futuro.
Habrá amigos que no declaren sin reservas nuestras faltas y, sin embargo, no se decidirán a hacernos mención de nuestras locuras.