Puesto que la conjunción del bien con la verdad es como un matrimonio, es evidente, que el bien ama á la verdad y la verdad al bien, y que éste y aquélla desean unirse mutuamente. La conjunción del mal con la falsedad, interiormente mirada, no es matrimonio, sino adulterio.
Todos los pueblos del mundo deben unirse para conseguir lo más sagrado, que es la libertad, que es el bienestar económico, que es el sentimiento de no tener absolutamente ningún problema insalvable por delante